Los aromas del vino

  Dicen que la nariz es la parte más importante del catador… y así es. Para apreciar los aromas de un vino debemos utilizar una copa adecuada, mas ancha abajo […]

 

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Dicen que la nariz es la parte más importante del catador… y así es.

Para apreciar los aromas de un vino debemos utilizar una copa adecuada, mas ancha abajo que arriba, que facilite su salida. Además no debemos llenarla más de 1/3 para que no se derrame el vino cuando le demos con la muñeca un movimiento circular.

No hay que obsesionarse con todas las “cosas” posibles a las que puede oler un vino. Habremos leído o escuchado notas de cata que hablan de “césped recién cortado”, “silla de montar”…, por no mencionar algunas otras mucho más poéticas o extravagantes que parecen extraídas de la mente turbulenta de un catador recién “fumado”.

Tenemos que pensar que para reconocer diversos “aromas” en los vinos, antes los hemos tenido que memorizar. No podemos apreciar los “frutos del bosque” si no sabemos qué son ni nunca los hemos olido. No es la misma memoria olfativa la que tiene una persona que vive en el mundo rural y está acostumbrado a reconocer, olfativamente hablando, flores, plantas, frutas…, que el “urbanita” que solo sabría adivinar el olor a tubo de escape de los múltiples coches que recorren a diario su ciudad.

Por ello se comercializan estuches con muestras de los distintos aromas, tantos buenos como malos, que se pueden encontrar en los vinos.

Simplificando, con el riesgo que conlleva, me quedaría con la idea básica de que un vino tiene que oler MUCHO, BIEN y a MUCHAS COSAS

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